El Cumpleaños del Águila: La contínua transformación

Déjame que te cuente:

Muchas horas de vuelo, mis alas están ajadas, el viento, la lluvia, el calor y el tiempo las ha envejecido….Cada vez me cuesta más volar….Mis garras también sufren el mismo mal, el tiempo, el esfuerzo, el peso…

Pero hoy cumplo, hoy es un día para celebrar….Están llegando ellos….mis compañeros de viaje…

La gacela me dice:

Hay que te estás haciendo mayor…jeje….ahora te cuesta más cazar a nuestros jóvenes, e incluso a mi…ejeje.

Como su comentario oigo muchos, del conejo, de la serpiente, y otros animales del bosque. Las águilas jóvenes…algunas…me dicen:

Retírate de mi trayectoria que me dificultas el paso y no me dejas volar con velocidad… ¡por tu culpa perdí la presa!

Pero sigo creyendo que hoy es un día para celebrar así es que he decidido retirarme para arreglarme y encarar este nuevo año.

El águila alza el vuelo y se dirige a su peña. Allí en uno de los picos más altos, desde donde tiene una amplia visión de todo el territorio por el que ha volado durante tantos años…Desde su pequeño refugio, donde puede ver los verdes parajes, los ríos que corren, las llanuras….aquellos lugares que le recuerdan aquel vuelo en picado, las batallas enfrentadas y ganadas, las perdidas y las superadas…Desde su más profunda morada, allí…tan cerca del cielo….el águila empieza a mirarse…a observarse…y poco a poco…

– Mira esta pluma sin brillo, recuerdo aquella vez que emprendí el vuelo en busca de un hogar confortable, aquella vez que tomé la decisión de emprender mi propia vida….cuán difícil adaptarse…qué largo el camino…como le pedía a mis alas que batieran fuerte y rápido, a mis plumas que no cayeran y que juntas facilitaran el vuelo… Tú mi querida pluma vieja me recuerdas la experiencia vivida, los errores cometidos, los premios ganados, las alegrías, las tristezas…hoy tú…sin brillo, apelmazada y casi seca, me recuerdas la sabiduría aprendida…hoy tú, me ayudas a recordar quién soy…en qué me he convertido…hoy tú, ya has hecho tu tarea. Ahora puedo prescindir de ti, debo arrancarte de mí y dejar que en tu lugar nazca una nueva pluma, una pluma adaptada a mis nuevas necesidades, dispuesta a transformarse con mis nuevas experiencias.

Poco a poco el águila hizo lo mismo con todas aquellas plumas que tantos recuerdos guardaban.

Observó sus garras limadas y deformadas por el paso del tiempo. Cada una de las muescas eran también un recuerdo vivido, una historia terminada, una lección aprendida…y con la misma frase: “hoy tu…ya has hecho tu tarea...”, procedió a arrancarse una a una las garras que ya habían cumplido su cometido para dar paso a una nueva etapa con garras y plumas nuevas adaptadas a su nueva vida…a su nueva constitución física…a su nueva forma de ver la vida.

Por último acariciando con sus alas el pico dijo:

– Aprendí mucho de mi experiencia de vida, y no soy la que era…pero aún SOY y aunque mi pico esté afectado por su uso…no necesito un pico nuevo, simplemente debo usarlo de otro modo, adaptándome a su nueva forma, sin miedo ni vergüenza.

Así pues, después de un largo acicalamiento, después de un periodo de reflexión y cambio que el águila aprovechó para cuidarse, aceptarse, entenderse, amarse, aprender y entender cuánto había aprendido…después de comprender que todas y cada una de las huellas de su cuerpo eran experiencia y sabiduría y que debía desprenderse de todo aquello que ya cumplió su objetivo, de todo aquello viejo y desgastado que no tenía razón de mantenerse pues bloqueaba la posibilidad de acabar su transformación, aunque este proceso fuera doloroso….se engalanó y volvió al bosque bella y segura…adaptada y generosa, grande…Y mientras sobrevolaba el bosque escuchaba a los demás animales comentar:

¡Qué magnífica está el águila!… ¡Cuánta majestuosidad y grandeza!… ¡Cuánto debemos aprender de ella!

¿Cuántos de nosotros llegamos a cierta edad en nuestra vida sin ser capaces de desprendernos de viejas e inútiles plumas y garras, y avergonzándonos de nuestro pico deformado? Aunque dolorosa, la transformación siempre es positiva, solo hay que observar en la naturaleza, por ejemplo como la oruga, después de una vida de arrastrarse y esforzarse para sobrevivir, es capaz de convertirse, a través de un periodo de recogimiento, en una bella mariposa capaz de volar libre.

Y colorín colorado ¿este cuento te ha gustado?

Autora: Pilar Tobias